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Protón Drogas

¿Cómo funciona el fentanilo, la droga que preocupa al mundo?

En esta nota hablamos del fentanilo: desde la Papaver somniferum de la cuál surgió, pasando por una de las primeras civilizaciónes del mundo hasta el impacto del fentanilo en el sistema respiratorio y las tasas de sobredosis en hombres y mujeres de todos los grupos de edad.

¿Cómo funciona el fentanilo, la droga que preocupa al mundo?

¿Cómo funciona el fentanilo, la droga que preocupa al mundo?

Por: Florencia Luna

Apache, China Girl, Dance Fever, Goodfellas, Jackpot, Tango & Cash: estos son sólo algunos de los nombres con los que se conoce al fentanilo, una droga ampliamente utilizada por sus efectos anestésicos pero que desde hace un tiempo se utiliza también con fines recreativos. Aunque en nuestro país es solo de uso clínico, viene generando preocupación debido al gran aumento de muertes por sobredosis que se dio en los últimos años en Estados Unidos: en 2016, por ejemplo, la tasa fue tres veces mayor que la de 1999

Ahora bien: ¿Qué es y cómo funciona el fentanilo, esa droga que, con una mínima dosis, puede resultar mortal?

El fentanilo es un opioide sintético. Se conoce como “opioides” a aquellas sustancias derivadas del opio, un extracto de la planta herbácea adormidera (Papaver somniferum) también conocida como amapola real. Incluye drogas ilegales como la heroína y medicamentos legales como los que se prescriben para tratar severos dolores crónicos

Papaver somniferum

El fentanilo es justamente un opioide sintético similar a la morfina —pero mucho más potente— que se usa para aliviar el dolor intenso (por ejemplo, el de un paciente con un cáncer avanzado) o el dolor crónico (en pacientes que desarrollan tolerancia a otros opioides menos potentes). 

Una breve historia del uso de opioides

A pesar de las dificultades para interpretar escritos antiguos y datos arqueológicos, tenemos gracias a ellos alguna idea del uso del opio en la antigüedad. Existe un acuerdo general de que los sumerios, una de las primeras civilizaciones del mundo que habitaban la región hoy en día conocida como Iraq, cultivaron amapolas y aislaron opio de sus cápsulas de semillas a finales del tercer milenio a. C. Llamaron al opio "gil", la palabra para alegría, y a la amapola "hul gil", planta de alegría. 

Región histórica de Oriente Medio, parte sur de la antigua Mesopotamia, en la que habitaba la civilización sumeria.

Al principio habría sido utilizado en rituales religiosos para inducir a estados de euforia, ya sea por vía oral o inhalado de recipientes calientes. El conocimiento de su uso posiblemente estuvo limitado a sacerdotes “representantes de los dioses”, que lo administraban a los enfermos junto con cicuta —una planta que provoca parálisis de los músculos respiratorios y por ende impide que llegue oxígeno al corazón y al cerebro— para matar a personas de forma rápida y sin dolor.

Ya en el siglo VIII d. C., los árabes empezaron a comerciar opio a India y China, y entre los siglos X y XIII se abrió camino desde Asia Menor a todas partes de Europa. Pero con la droga vino la adicción: a partir del siglo XVI, se pueden encontrar manuscritos que describen el abuso y la tolerancia a las drogas en Turquía, Egipto, Alemania e Inglaterra. En ninguna parte el problema de la adicción fue mayor que en China, donde la práctica de fumar opio comenzó a mediados del siglo XVII después de que se prohibiera fumar tabaco. 

En 1806, Friedrich W. A. Sertürner, un farmacéutico alemán, aisló el ingrediente activo en el opio y lo llamó “morfina” a partir del dios de los sueños, Morfeo. Posteriormente, con la invención de la jeringa hipodérmica en la década de 1850, la morfina empezó a utilizarse en procedimientos quirúrgicos menores, para el dolor postoperatorio o crónico, y como un complemento de los anestésicos generales.

Molécula de la morfina

A finales del siglo XIX y principios del XX, la morfina se usaba en combinación con la escopolamina —una droga altamente tóxica que se encuentra en plantas solanáceas— como anestésico, pero los informes de una mayor morbilidad y mortalidad llevaron al abandono de esta técnica. No fue hasta la década de 1950, cien años después, que buscando nuevos sedantes los investigadores centraron su atención nuevamente en los opioides.

En 1953 el médico e investigador belga, Paul Janssen, comenzó a interesarse en desarrollar el analgésico narcótico más potente posible. Finalmente, en 1959, él y su equipo sintetizaron la familia de medicamentos fentanilo. Sus estudios sentaron las bases para una mejor comprensión de las relaciones estructura-actividad de los analgésicos narcóticos y estimularon el interés en el desarrollo de compuestos con márgenes de potencia y seguridad aún mayores.

Paul Janssen

¿Cómo actúa en el cuerpo? 

Esta droga puede aliviar el dolor y provocar intensos sentimientos de placer. Pero también puede resultar mortal, ya que actúa simultáneamente en varios sistemas cruciales en el cuerpo

Un efecto particularmente letal tiene que ver con la respiración. Los opioides intervienen en el modo en que suministramos oxígeno a las células y eliminamos el dióxido de carbono por varios mecanismos y sitios neuronales de acción. En el tronco encefálico, hay dos regiones específicas que controlan la profundidad y la frecuencia de la respiración. Ambas están cargadas de receptores opioides, un grupo de proteínas que se ubican en la superficie de las células y a los que los opioides se unen. 

La cosa funciona así: cuando, como se muestra en la imagen, los opioides se encastran en los receptores, estos últimos alteran el comportamiento de las células de manera tal que pueden retrasar o incluso detener la respiración. Estos receptores también se encuentran en áreas del cerebro que regulan la respiración voluntaria y en los tejidos, órganos y músculos de todo el cuerpo. Por otra parte, una inyección de rápida acción de fentanilo puede provocar rigidez en el diafragma y en otros músculos de la pared torácica (tórax leñoso), lo que también podría dificultar la respiración. 

Otras consecuencias no letales del consumo de opioides incluyen: una ligera caída de la presión arterial o un ritmo cardíaco anormal, dilatación de los vasos sanguíneos en los brazos y las piernas, miosis (contracción de la pupila), digestión lenta y estreñimiento, la inactivación del reflejo faríngeo (que provoca que una persona se vuelva más propensa a aspirar vómitos y asfixiarse) y somnolencia excesiva.

¿Es adictiva?

La adicción se caracteriza por un impulso intenso y compulsivo por usar drogas opioides, incluso cuando fueran suministrada por razones médicas y ya no se necesitan. Las personas que se vuelven adictas pueden priorizar el uso de estas drogas sobre otras actividades en sus vidas, lo que impacta negativamente en sus relaciones profesionales y personales

¿Por qué se produce la adicción? Por los cambios químicos que los opioides generan en el cerebro. Por un lado, se genera tolerancia (es decir, el organismo se adapta a la droga y su sensibilidad disminuye, por lo que cada vez son necesarias mayores dosis para lograr el mismo efecto) y, por el otrodependencia: cuando se dejan de tomar estas sustancias, las personas experimentan síntomas físicos y psicológicos como calambres musculares, diarrea y ansiedad. 

Pero dependencia y adicción no son lo mismo: mientras la primera se da por tomar opioides por un período prolongado de tiempo, la segunda se caracteriza por una necesidad constante de consumir esta droga

La adicción a los opioides puede causar problemas de salud potencialmente mortales y su consumo —ya sea legal o ilegal— conlleva un riesgo de sobredosis

El riesgo mayor: la sobredosis

Una señal de sobredosis de opioides es la presencia de un líquido espumoso alrededor de la nariz y la boca y fluido en los pulmones (edema pulmonar). No está claro cómo es que los opioides desencadenan esto, pero se sabe que los pulmones llenos de líquido no pueden oxigenar bien la sangre, lo que puede derivar en problemas respiratorios. Por otro lado, se cree que la rigidez repentina de la pared torácica asociada con el uso intravenoso del fentanilo puede ser otro factor que conduce a una mayor mortalidad, y esto no difiere por edad ni género.

El uso de fentanilo implica un riesgo incluso cuando es prescrito por razones médicas. Por ejemplo, al usar parches se debe tener especial cuidado con la temperatura ya que el calor excesivo puede provocar que el parche libere mayores cantidades de la droga, ocasionando inadvertidamente una sobredosis. 

Su uso recreativo es todavía más peligroso: al ser una droga tan potente, pequeños cambios en las dosis pueden tener grandes implicaciones en la toxicidad. Este problema se agrava por la variabilidad de las drogas que se consiguen ilegalmente: los consumidores habitualmente desconocen lo que están comprando porque los laboratorios ilegales no son cuidadosos con las drogas que fabrican sino que cambian su composición constantemente. Algunos consumidores, conscientes de eso, acostumbran a hacer “inyecciones de prueba”, dosis pequeñas para tener una idea del tipo y la cantidad de la droga que están por usar. 

Por otro lado, algunos de estos laboratorios “cortan” la heroína con el fentanilo para hacerla más fuerte. Esta combinación hace que la absorción sea inmediata en vez de darse en un lapso de tiempo más largo y resulta mortal.

Ampliar y mejorar los programas existentes de educación y prevención de sobredosis de opioides, con información específica sobre el fentanilo, podría ayudar a mitigar los efectos adversos asociados con la sobredosis

¿Por qué preocupa a Estados Unidos?

Como dijimos al principio, estadísticas sobre las muertes por sobredosis de drogas en Estados Unidos muestran que en 2016 la tasa era tres veces mayor que la de 1999. Aumentaron tanto para hombres como para mujeres y para todos los grupos de edad estudiados (15 a 65 años), siendo las más altas las de los adultos de 25 a 34, 35 a 44 y 45 a 54 años.

Tasas de mortalidad por sobredosis de drogas en Estados Unidos, mostradas por grupos de edad.

En el caso particular de los opioides sintéticos como el fentanilo, los análogos al fentanilo y el tramadol; se duplicó en un solo año de 3,1 por 100.000 en 2015 a 6,2 en 2016. 

Referencias:

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