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Cine y Series Fantasmas del pasado

Análisis | The Terror: Infamy es horror de época que habla del presente

Una de las grandes sorpresas televisivas de 2018 es este drama antológico de AMC que mezcla hechos históricos en un contexto terrorífico. Llega la segunda entrega de "The Terror" cargada de infamia y analogías sociopolíticas. 

El terror acecha en todas partes(AMC)

El terror acecha en todas partes | AMC

Por: Jessica Blady

“The Terror” fue una de las grandes sorpresas televisivas de 2018. El drama antológico de AMC creado por David Kajganich, Max Borenstein y Alexander Woo toma su nombre de la novela homónima de Dan Simmons, la cual sirvió de base para la primera entrega: las peripecias del capitán Sir John Franklin (Ciarán Hinds) y el resto de sus compañeros de expedición, perdidos en el Ártico allá por 1845. En la realidad, todos murieron mientras pretendían encontrar el Paso del Noroeste, un misterio sin resolver por doce larguísimos años. En la ficción, el destino planteado por Kajganich es un poco más macabro, mezclando la exactitud histórica con elementos sobrenaturales.

El formato autoconclusivo de “The Terror” -cuyo suceso se lo debemos, más que nada, a Ryan Murphy, su American Horror Story y otros derivados- permite dar vuelta la página para esta nueva temporada que decide hacer la revisión de uno de los hechos más nefastos (y poco discutidos) de la historia norteamericana, lamentablemente, demasiado ligado a la actual política de Donald Trump.

“The Terror: Infamy” -título de esta segunda entrega- nos lleva al año 1941 y más precisamente a la Isla Terminal, en San Pedro, California, una comunidad de pescadores mayoritariamente japoneses, conformada por inmigrantes que escaparon del horror de la Primera Guerra, y sus hijos nacidos en suelo yanqui. “A Sparrow in a Swallow's Nest” no se anda con chiquitas y desata su horror desde los primeros minutos cuando la señora Furuya (Yuki Morita) decide quitarse abruptamente la vida. Esto trae un increíble pesar para su familia, pero mucho más para Chester Nakayama (Derek Mio), quien carga con algo de culpa.

Chester es un joven de la isla que no tiene la intenciones de seguir los pasos de su padre como pescador, en cambio, es un aficionado a la fotografía que sueña con un futuro diferente, más cercano a la modernidad que lo rodea que a las tradiciones de su cultura milenaria. Con sus amigos suele ir de juerga por el continente. Es ahí donde conoció a la joven Luz Ojeda (Cristina Rodlo), universitaria de origen mexicano, quien quedó embarazada tras uno de estos encuentros amorosos. Ninguno de los dos está apurado por formar una familia, y es allí cuando entran en juego las “pociones” de la señora Furuya.

Tradición y superstición, todo en uno

El embarazo extramatrimonial y el posible aborto de Luz suman deshonra a la familia Nakayama, pero este no es el hecho más desgraciado de Isla Terminal por estos días. A la extraña muerte de Masayo Furuya pronto hay que agregar una serie de horribles accidentes experimentados por su marido Hideo (Eiji Inoue) y por el desagradable Stan Grichuk (Teach Grant), capataz de Henry Nakayama (Shingo Usami), el padre de Chester. Inmediatamente, el miedo se apodera de los miembros más supersticiosos de la comunidad, convencidos de que son el blanco de un antiguo espíritu maligno que los siguió desde su Japón natal hasta estas costas.

La policía apenas si tiene tiempo de interrogar a Henry cuando las sirenas empiezan a sonar movilizando a todos los militares de la zona. Es el 7 de diciembre de 1941 y la Armada Imperial Japonesa acaba de bombardear la base naval de los Estados Unidos en Pearl Harbor (Hawái). Esta fecha “que vivirá en la infamia”, según las palabras del presidente Franklin D. Roosevelt, precipitó a que el país del Norte entrara de lleno en la Segunda Guerra Mundial, pero también fue el comienzo del calvario para los japoneses-americanos, convertidos en enemigos del país de la noche a la mañana.

Chester ya tenía problemas, incluso antes de la guerra

Josef Kubota Wladyka -responsable de varios capítulos de Narcos, entre otras cosas- es el director a cargo de trasportarnos a este momento de la historia, mezclando una minuciosa reconstrucción de época con los primeros estertores sobrenaturales que experimentan los protagonistas. Las metáforas pergeñadas por los mismísimos Borenstein y Woo no pretenden ser para nada sutiles, dejando entrever la paranoia que se va apoderando de los personajes a medida que avanzan los nefastos acontecimientos: los ataques del espíritu maligno del cual no se conocen (todavía) sus intenciones, y los de la guerra, que trae aparejada una discriminación y opresión que, sabemos, sigue vigente hasta nuestros días.  

“A Sparrow in a Swallow's Nest” apenas muestra la punta del iceberg sociopolítico, y pronto va a trasladar la acción y el horror (en todas sus formas) hasta los llamados centros de internamiento. Hablando mal y pronto, campos de concentración donde fueron a parar los miembros de la comunidad japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. Esta es la odisea de Chester, responsable de desmarañar los escalofriantes sucesos sobrenaturales que atacan a su grupo, pero también la de una colectividad convertida en chivo expiatorio del gobierno.

¿Quién es esta misteriosa chica?

Así, “The Terror: Infamy” suma alegorías y simbolismos a los truculentos tiempos que nos tocan vivir en la actualidad, usando el género como metáfora constante y excusa para rescatar esta página oscura de la historia que no se debe olvidar. Los climas que genera Wladyka son tan bellos como terroríficos, pero nunca deja de humanizar a sus protagonistas que, además de la opresión, deben lidiar con los dramas personales que también influyen en su futuro.   

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