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Cine y Series Me pareció ver un lindo gatito

La historia de Cats, el extraño musical de James Corden y Taylor Swift

Los musicales siguen haciendo el salto desde los escenarios a la pantalla grande, pero este en particular, parece venir cargado de mucha controversia. 

¡Meow!(Universal Pictures)

¡Meow! | Universal Pictures

Por: Jessica Blady

“Eran simples personas vestidas de gatos, en un gigantesco basurero”. Así se justificaba Maxwell Sheffield cuando trataba de explicar porque había rechazado la producción de “Cats”, en algún que otro episodio de “La Niñera” (The Nanny, 1993-1999). De esta manera, y gracias al éxito rotundo de este extraño musical, Andrew Lloyd Webber se convertiría en la más grande némesis de este empresario teatral.

La sitcom de CBS no fue la primera, ni la última, que se mofó de esta puesta londinense, si no, chequeen “Team America: Policía Mundial” (Team America: World Police, 2004), “Saturday Night Live”, “Padre de Familia” (Family Guy), “Los Simpson” (The Simpsons) y “BoJack Horseman”, como para nombrar a algunas. Igual, suponemos que lo hacen de envidia, ya que esta adaptación de los poemas de “El Libro de los Gatos Habilidosos del Viejo Possum” (Old Possum's Book of Practical Cats) de T. S. Eliot, es uno de los musicales más exitosos de todos los tiempos, con varios récords en su haber.

Los mininos antropomórficos en escena

La puesta original se estrenó en el West End de Londres en 1981, y un año después hizo su arribo en Broadway. Desde entonces, acumuló montañas de premios -incluyendo el Laurence Olivier y el Tony-, y se convirtió en uno de los musicales con mayor permanencia en ambos escenarios: 21 años en el Reino Unido (hasta 2002) y 18 años en Nueva York (hasta 2000). Aunque su aporte principal, además del artístico, fue transformarse en la punta de lanza de la masificación de este medio.    

Pero volviendo casi cuarenta años atrás, la idea de Webber de “ponerle música a los poemas de Eliot” estaba destinada a fracasar, mucho más, después de los rechazos por parte de los inversores, los desplantes de la crítica y una noche de estreno desastrosa. Aunque pasados estos primeros obstáculos, la obra de Sir Andrew empezó a hacer su magia y conectó con el público apenas los actores vestidos de felinos empezaron a deambular por el escenario. Según sus defensores más acérrimos: “El mayor legado de ‘Cats’ fue crear una nueva audiencia teatral, ansiosa por la nueva mezcla de populismo e innovación, que había sido rechazada por el elitismo del teatro británico”.

“Cats” gira en torno a la tribu de los gatos Jélicos durante la noche en que se toma ‘la elección jelical’, o sea, donde deciden cuál de ellos renacerá en una nueva existencia. Si quieren ver una recreación de la puesta teatral, pueden recurrir a la edición que se lanzó directo a video en 1998; pero ahora llega a la pantalla grande en todo su esplendor gatuno de la mano de Tom Hooper, director ganador del Oscar por “El Discurso del Rey” (The King's Speech), también responsable de la última versión de “Los Miserables” (Les Misérables, 2012) con Hugh Jackman.

Hooper no es zonzo y sabe que esta una propuesta difícil de vender, por eso se rodea de un gran elenco encabezado por Jennifer Hudson, Taylor Swift, Francesca Hayward, Judi Dench, James Corden, Idris Elba, Ian McKellen, Rebel Wilson y Ray Winstone, entre tantos otros. El primer adelanto de la película tuvo reacciones encontradas -tal vez, por el uso de captura de movimientos en vez del característico maquillaje teatral-, pero al fin y al cabo la esencia es la misma: “Un simple grupo de personas vestidas como gatos, en un gigantesco basurero”.

Gato por liebre

“Cats atrajo a un gran número de personas al teatro que de otra manera no habrían venido, y rompió todas las barreras. Incluso el escenario se separó de lo tradicional, para hacerlo más accesible y menos formal”. Está declaración de Raymond Gubbay, productor acostumbrado a los hits, deja bien en claro que la obra de Webber es un antes y un después para el arte musical, y para puestas como “Hamilton” que, de otra manera, nunca se hubieran animado a jugar con las formas establecidas.

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